Vísteme despacio que tengo prisa

 

La recuperación alcohólica es lo más hermoso que le pueda suceder a un enfermo en su vida. Es maravillosa. Nunca debe ser un castigo,sino una oportunidad.

Una oportunidad de aprender a vivir en todo su extenso sentido:contemplar,sentir,percibir,emocionarse,disfrutar,acallar demonios que el alcohol nos había fabricado,a dejar de obsesionarse y sentirse en un profundo estado de angustia vital,a proyectar,emprender,volverse a ilusionar,enamorarse de todo y todos,a crecer como persona,relajarse,aprovechar y gestionar el tiempo,a no dejarse chupar la energía por vampiros emocionales que andan por ahí pululando,a no desgastarse en cosas que no merecen la pena,a no estar metido en todas las guerras,…

Toda esta maravilla, muchos enfermos ya la proyectan y enfocan mal desde el principio,desde la misma base.

Todo esto debe suceder con una triple combinación: Dejar de beber,trabajar mucho en uno mismo(interiorizar,reflexionar,introspección, análisis,cambio de conductas negativas),y fluir. Fluir,dejar que las cosas sigan su curso,no que pretendamos imponérselo.

Cuando tenemos prisa por recuperarnos,cuando queremos coger atajos,ir más rápido de lo que nuestras propias limitaciones nos marcan,…la cosa va mal. ¡algo falla!

Las prisas no son buenas consejeras,y en este caso,…¡Más!

Aprender a vivir sin beber es la llave que nos abre la puerta para salir del desencanto y el enfado en el que nos ha sumido durante tantos años la botella.

Creo que la perseverancia,la paciencia,la constancia,y especialmente la tenacidad para lograrlas,son las mejores herramientas para escapar de un infierno y casi casi,garantizarnos el no retorno.

Por eso,cada día aprendo y dejo de ser menos «yo» alcohólico» para convertirme más en «yo mismo».

¿Prisas….? ¡Ninguna![youtube]https://youtu.be/2VN8zH366M8[/youtube]

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