Viernes de padecimiento

Hay hogares que en cuando llega el fin de semana, en lugar de celebrarlo como unos días de ocio y descanso lo preparan como un calvario.

Lo más fácil que existe es anticiparse a un alcohólico en cuanto a comportamiento porque su patrón de conducta es muy predecible y reiterativo.

Si bien es cierto que muchas personas sin ser enfermas de alcohol, en estos días es cuando más beben o tienen sus episodios de abuso, para un enfermo, aunque esté acostumbrado a beber frecuentemente y no necesite excusa para consumir, la permisividad y «licencia social» que existe estos días en que ir colocado está normalizado y casi bien visto, le da mucha más chance para lanzarse indiscriminadamente a beber.

Pero el padecimiento no es para el propio enfermo sino para la familia que aunque ya esté habituada a que cada dos por tres haya un incidente (digo «habituada» porque acostumbrada no creo que por muchas veces que sucedan estos episodios nadie pueda acostumbrarse a ellos).

Por esa razón, cuando llega el viernes o el fin de semana y ve «prepararse» a la persona dispuesta y predispuesta a beber … la tensión, la angustia, y el pánico, planean sobre el ambiente y lo que deberían ser viernes de descanso se convierten en viernes de agotamiento, padecimiento, sufrimiento, y especialmente incertidumbre sobre «el qué pasará».

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