Ventrílocuos

Por norma, cuando se acude en busca de información para ayuda sobre alcoholismo, se suele hacer acompañado de algún familiar o referente por miedo, ansiedad, o vergüenza.

Entra dentro de la lógica que quién hable más sea el acompañante que el propio enfermo. Probablemente sea así porque éste ha aceptado acompañarle con un fin muy claro: que el otro, cuando se exprese y cuente su problema, no mienta.

El procedimiento es siempre el mismo (aunque se empeñen en ponerle nombres diferentes como entrevista motivacional, acogida, toma de contacto, análisis, …) : Se expone la situación personal y familiar, las consecuencias por el uso o abuso del consumo, las conductas y comportamientos que les ha ocasionado este, y todo lo relacionado que afecte ya no sólo al propio posible enfermo sino también a su entorno en general.

Lo que sucede en muchas ocasiones, y aquí si que me atrevería a sugerir evitarlo, es que quién realmente acaba hablando y sacando toda la mierda reprimida y acumulada es el acompañante en sí y por rabia, ansiedad, hastío o frustración, no deje hablar ni una palabra a quién debería. Es ahí cuando se produce una situación surrealista rozando lo cómico aunque en estos temas no hay ningunas ganas de reír y mucho menos de frivolizar.

Al final, el enfermo, acaba por ser un simple pelele que con cara de cordero a punto de degollar, mirada y cabizbajo, asiente y a todo pone cara de circunstancia mientras el familiar se explaya y habla por él todo y más, como si de un ventrílocuo se tratara.

» Es muy buena persona, pero cuando bebe … Si no fuera por que bebe mucho o no sabe beber … A lo mejor, si aprendiera a controlarse … Lo que necesita es darse cuenta que está haciendo mucho daño y nosotros ya no podemos más … Quizá sea por las compañías o porque ha tenido muy  mala suerte pero antes no era así …»

Este es un resumen general de las explicaciones más frecuentes e introductorias en este tipo de encuentros.

La pura realidad ( aquí sustituyo la «t» por una «r» por elegancia gramatical) es que el enfermo suele estar tan intoxicado y ensimismado que esta situación le resulta cómoda y perfecta: El otro le hace su trabajo. Por lo tanto, entiendo y comprendo perfectamente que esta situación se de con mucha regularidad, pero no comparto que sea así.

Pienso que el posible enfermo tiene que expresarse y vomitar lo máximo que en esa fase del proceso (el pre-inicio) puede o se atreve, ya que su contexto, por breve que sea, puede trasmitir mucha información.

En cambio, si estoy en totalmente de acuerdo que sea acompañado y esta figura pueda servir como verificador o contradictor de lo que se está diciendo, pero siempre que sea con el afán de ayudar y mucho amor y no como vigilante o acusador. Lo digo y sugiero porque como enfermo que soy y he pasado por esta situación, los alcohólicos negamos la enfermedad, nos resistimos intensamente a aceptar ayuda, y nos cuesta una barbaridad dar un primer paso. Entonces, ya que se ha conseguido que en lugar de estar en un bar o enchufado a una botella esté con un profesional o en una asociación, … podemos felicitarnos por haberlo conseguido y debemos aprovechar ese momento con la mejor estrategia y el más cuidado posible para no estropear ese momento tan importante.

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