¡Vamos, hay que venirse para arriba!

Día tras día voy narrando la conductas nuestras, la de los alcohólicos, con el fin de que algunos qué todavía no aceptan o reconocen la enfermedad se puedan sentir reflejados y reaccionar.

También intento trasmitir la máxima esperanza a los familiares para que puedan comprender mejor por qué actuamos de este modo. No para consolar sino para que entiendan los patrones de comportamiento y sepan crear sus propias estrategias a la hora de afrontar o comunicarse mejor.

Pero sin duda, el verdadero objetivo por el que escribo es para motivar. Motivar, alentar, dar la máxima fuerza a todos los enfermos (yo me pongo siempre el primero como ejemplo) para no desfallecer, rendirse, desgastarse, y mucho menos abandonar esta terrible lucha contra la enfermedad.

Aunque con los años me he entrenado emocionalmente y hago constantemente un desgaste cognitivo para comprender mejor el por qué en muchas ocasiones nos acaba venciendo la botella (por desencanto, por falta de fuerzas o desilusión, ausencia de disciplina, etc.) acabando por abandonar y rindiéndonos, nunca pierdo la fuerza, la entrega, el optimismo, y la ilusión por la superación, demostrando que de esto … se sale.

Evidentemente no hay una fórmula mágica ni un método infalible, sino que es un conjunto de actitudes positivas y de mucho trabajo y esfuerzo lo que nos pueden conducir a esa superación de aprender a vivir sin beber.

Por esa razón, no digo sino grito:

¡Prohibido rendirse. Por muy mal qué estemos, por muy tristes, vacíos o desesperanzados que nos encontremos, hay que sacar fuerzas de flaqueza y … venirse para arriba!

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