¿ Tratamientos exprés? … ¡no tengamos tanta prisa!

Para salvar una vida, toda una familia y entorno que le acompaña detrás, como es el caso de un enfermo alcohólico, no nos precipitemos, no sea que la rapidez e inmediatez en lugar de lograrlo, haga que lo empeoremos.

¡Vísteme despacio que tengo prisa!

Mi experiencia me dice que las prisas por recuperarse son el gran enemigo del proceso. La ansiedad que genera el querer finalizar un tratamiento ya demuestra que éste no se está haciendo bien.

Los tratamientos exprés (cómo recuperarse en cien días), los métodos infalibles, las pócimas mágicas, y los remedios caseros, no son más que promesas y falsas expectativas de programas condenados al fracaso.

No se trata sencillamente de dejar de beber sino de hacerlo con convicción y entusiasmo al comprobar que a medida que nos alejamos de la botella … nos vamos acercando un poco más a la vida.

¿El tiempo necesario? ¡El que haga falta!

Si te abstienes del consumo pero no entiendes y comprendes la enfermedad, estás perdiendo el tiempo porque la necesidad psicológica, las ideas del regreso al consumo, y la esperanza de poder volver a consumir algún día, se que quedan ahí, en alguna parte de nuestro cerebro, esperando el momento para regresar y llamar a la puerta en cualquier momento.

No dudo de las buenas intenciones de nadie. Sin embargo, sí que dudo y no comulgo con las conductas características del alcohólico, como por ejemplo la inmediatez de demostrar y aparentar que todo ya está solucionado y se ha recuperado el control de la situación, porque eso … simple, llana, y directamente, no existe.

¿Te quieres recuperar? No midas el tiempo sino tu actitud, tus cambios, tus logros y superación, y especialmente tu sensación de que estás volviendo a vivir (que no existir) sin necesidad de refugiarte en ninguna sustancia que acalle tus temores e inseguridades.

¡Eso, eso es recuperarse! ¿Lo demás …? abstenerse y reprimirse.

 

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