¿Te parece normal lo que bebes?

La brecha generacional.

Cuando ya te preguntan eso,ya en sí es muy mal síntoma pero en realidad ni se imaginan la cantidad real.

Al preguntar a un enfermo alcohólico lo cantidad de lo que bebe …siempre dirá la mitad de la mitad.

Si la pregunta es con qué frecuencia … siempre dirá la mitad de la mitad.

¿Las horas en que bebes? … la mitad de la mitad …

¿Tomas otras sustancias? … exactamente el mismo patrón de respuesta: la mitad de la mitad.

Así, con un cuestionario casero o familiar, podríamos seguir todo el día.

Los alcohólicos somos tan mentirosos que hasta tenemos una excusa para justificar las mentiras: «Miento para no preocuparles»

Antes, al inicio, he mencionado la «brecha generacional». Me refería a que nuestros padres o familiares más mayores o de otra generación, no se pueden imaginar la verdad de nuestros consumos porque el mundo ha cambiado mucho en pocos años, y respecto a eso, más todavía. Eso no significa que ellos no bebieran, se corrieran juergas, o tuvieran episodios de abuso, sino a la forma en que bebemos y nos apoyamos en otras drogas para potenciar o contrarrestar los efectos.

Lo curioso y gracioso (aunque todo lo relacionado con el alcoholismo tiene poco o nada de gracia) es que no importa saber las cantidades exactas, las frecuencias (si bebemos de vez en cuando, los fines de semana, cada día,…), ni las horas en que lo hacemos. No importa porque lo que delata la enfermedad no es un número de días, de copas, de horas, de consumos. Lo delata nuestro estado, nuestro comportamiento, nuestra conducta.

El enfermo podrá pasar desapercibido durante un tiempo, podrá camuflarse entre la gente de bebedor social, podrá mentir y ocultarlo por un período, pero al final … la enfermedad brotará por algún costado.

Cuando el familiar pregunta al enfermo si le parece normal lo que bebe, éste siempre tendrá un motivo, un argumento, una película para decir que sí. Reconocer que no le parece normal sería reconocerse enfermo, y eso es lo último que un alcohólico quiere hacer.

Al final de mi trayectoria de consumo, jamás quería contar las cervezas y chupitos que me tomaba. ¡No me interesaba saberlo! Sólo recuerdo que empezaba sólo abrir los ojos por la mañana entre temblores y terminaba de beber cuando mis párpados se cerraban porque ya no tenía fuerza ni para sostenerlos. En esa fase (a la que al final llegamos casi todos los enfermos si no ponemos remedio, no me importaba lo que bebía, sino más bien lo que no bebía.

[youtube]https://youtu.be/kpTpxbnBWYM[/youtube]

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Scroll al inicio