» Te juro, te prometo que … no (sí) lo volveré a hacer»

Dejar el alcohol no se dice; se hace.

 

Cada vez que hay un #telojurooteloprometo antes de una actitud, para un alcohólico, no tiene ninguna credibilidad ni valor.

Esas promesas anticipadas forman parte de nuestro repertorio habitual de excusas y como mecanismo de defensa para amainar la tempestad.

No sólo estamos enfermos sino qué lo estamos mucho. Necesitamos beber pero también necesitamos para hacerlo. Nuestra conciencia está tan empapada que además también queremos engañar y engañarnos para sentir aliviados y soportar la dura carga de la culpabilidad. Por ello, no dudaremos en mentir para que nos dejen en paz y no nos acribillen a reproches y recriminaciones.

No queremos a la gente (cuando la necesidad domina y controla nuestra personalidad), la necesitamos.

Un alcohólico es un una persona solitaria. Sola en compañía en muchas ocasiones, pero al fin y al cabo sola. La presencia y la dependencia de los demás es tan necesaria como el propio consumo.

Para beber y engañar lo hacemos solos, sin embargo para paliar nuestra ansiedad y bajón necesitamos de otros. Buscamos su perdón, su aprobación, … pero en realidad lo que buscamos es tranquilizar el tormento psicológico y obsesivo que nos invade hasta que volvemos a probar la próxima copa.

De ahí tantos «te lo juro» que acaban en más de lo mismo.

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