Por norma, se habla del alcohol y de su enfermedad , sobre las conductas, los riesgos, las consecuencias y el entorno que envuelve la convivencia del que lo padece.

Pocas veces comentamos la parte buena «No tan buena» del alcohólico que consigue rehabilitarse y quiere volver a integrarse en la sociedad.

Resulta muy complejo no sentirse arrastrado por esa presión social que fomenta, e incluso a veces frivoliza y se jacta, del consumo de alcohol.

Además de complejo, desconcertante: Uno se ha tirado unos años haciendo un tremendo esfuerzo cognitivo y emocional para superarse y conseguir poder llevar una vida completamente normal sin necesidad de efectos y sustancias que alteren nuestra percepción y conducta, para luego encontrarse un escenario muy diferente del que esperaba encontrarse una vez recuperado.

Es como si nos quedáramos atrapados entre dos mundos: no nos gusta el anterior de la época del consumo pero tampoco este que nos toca vivir porque no nos sentimos cómodos y desubicados, ya que aunque no bebamos ni pretendamos hacerlo, el alcohol está muy presente ya no sólo en lo material sino en todos los ámbitos que podamos imaginar ( medios, educación, ocio y diversión , relaciones sociales, horarios, …)

Por eso, la única solución es, de momento, aprender a vivir como un bicho raro.

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