Para dejar el infierno del alcohol hay que empezar por desaprender todo lo aprendido, poner el contador a cero, y empezar a trabajar desde el principio sin cuestionar a quienes nos van a ayudar. En definitiva: Hay que resetearse.

Querer seguir un programa de deshabituación o rehabilitación pero a nuestra manera y medida, … nunca puede funcionar.

Los tratamientos son para hablar claro, directo, y duro si es necesario. A los enfermos alcohólicos no se nos puede ni se nos debe decir lo que nosotros queremos escuchar sino la verdad, nos guste o no.

Para ello hay que ser muy humilde, muy honesto, y estar muy convencido teniendo confianza en qué todo lo que se nos dice es para nuestro bien.

¿Qué no nos gusta? …¡Pues es lo que hay!

Es cierto que no todos los programas encajan con el perfil del enfermo y lo que a unos les puede ir muy bien, a otros en cambio no. Pero, cuando se va de programa en programa y se entra en la espiral destructiva de fracasar en uno como en otro, la evidencia es que el que falla no es el tratamiento sino la actitud, compromiso, y convencimiento del enfermo a la hora de querer curarse y salvar su vida.

Entra dentro de la lógica que al principio, cuando desconocemos la enfermedad, cuestionemos y juzguemos con antelación las pautas y normas que se nos dan si queremos conseguir resultados beneficiosos y avanzar. No debemos olvidar que si algo caracteriza la conducta de un enfermo alcohólico es su prepotencia, autosuficiencia, soberbia y orgullo. Nosotros llegamos a cualquier sitio pensando que lo sabemos todo o que poco pueden hacer para ayudarnos. Dudamos y desconfiamos que «alguien» externo pueda ayudarnos. Pero muchas veces (casi siempre,por norma) suele ser que los enfermos no queremos escuchar, obedecer, o seguir las reglas porque simplemente no queremos ni deseamos dejar de beber. ¡Así de simple!

Por lo tanto, si queremos recuperarnos …mucha humildad, mucho trabajo, y un buen reseteo.

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