¿Para toda la vida?

¿Para toda la vida? Este es el pensamiento más aterrador que nos invade a los alcohólicos cuando decidimos ponernos en tratamiento y nos explican que nuestra enfermedad es crónica.

Es aterrador porque nos coge de sorpresa. Nuestra idea inicial es dejar de beber para no padecer las tortuosas y angustiosas consecuencias de ese consumo prolongado o abuso. Sin embargo, nunca suele ser nuestra intención real, ni tan siquiera un planteamiento, el recuperarse o rehabilitarse sin fin.

Pensamos en el momento. En ese momento en que nuestro estado ya no es ni estado. Ese instante en que ya no pensamos, sólo bebemos. Nos sentimos vulnerables, dependientes, desilusionados y muy angustiados. Nuestra capacidad para ver o procesar es nula. Simplemente queremos salir de ese agujero que años atrás comenzó «como una gracia» y resultó ser al final nuestra sentencia.

En ese momento de desesperación sólo queremos no prolongar la agonía y parar ya con esa tortura del consumo.

No obstante, cuando ya nos hemos decidido y «arrancamos» una abstinencia pre-rehabilitación, olvidamos pronto ese estado que acabo de describir y poco a poco regresamos a nuestras conductas alcohólicas, especialmente la prepotencia y autosuficiencia: Lo que al principio de la recuperación era mágico ahora comienza a ser monótono y aburrido. Entonces es cuando «el para toda la vida» desencadena una negociación interna. Sospesamos «si era para tanto, si estábamos tan enfermos, si tal vez en un futuro podremos volver a beber,…». Una negociación muy tramposa que no es más que la mente sigue empapada aunque estemos en abstinencia temporal, y el alcohol nos reclama de nuevo.

Por eso, es necesario trabajar, trabajar y trabajar sin confiarse ni bajar la guardia.

Cuando comencé el «para toda la vida» me asfixiaba. Hoy en día, …¡Me alivia y reconforta!

Todo es cuestión de trabajo … bien hecho.

1 Comment

  1. Esther Cartagena el 12 junio, 2018 a las 7:50 am

    Soy viuda de un alcohólico, va a hacer cuatro años que murió y ahora tengo un hijo alcohólico en activo en casa que ni quiere trabajar, ni quiere dejar de beber, ni quiere marcharse de casa. Roba dinero, objetos para poder seguir bebiendo y mi amor de madre me impide sacarlo a la fuerza. Estoy muy enferma de corazón, de pulmón y no puedo andar, noto que me estoy muriendo.

    Hace un mes me ingresaron en una clínica porque me ahogaba y el aprovechó para darse la juerga padre. Tengo otro hijo que es un santo y he de protegerle, un hombre ebrio es capaz de cualquier cosa. Ayúdame MIca, dime que tengo que hacer. El se llama Iñaki.

    Un abrazo

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