No se puede huir de uno mismo

Al enfermar de alcoholismo, antes de aceptarlo y asumirlo, buscamos siempre otras alternativas para evitar enfrentarnos a ello. Es un patrón común y constante que se repite en la mayoría de enfermos, por no decir todos.

Primero intentamos experimentar y hacer nuestras «técnicas caseras» como intentos de control, moderar los consumos, beber menos cantidad o con menos graduación, etc. pero evidentemente, si ya hemos enfermado, todos estos intentos están condenados al fracaso.

Realmente el alcohol lo que nos produce es un efecto anestésico (desde el típico y absurdo «beber para olvidar», hasta consumirlo para no afrontar y enfrentarnos a una realidad, no porque esta sea buena o mala, sino porque no nos gustamos).

Con el tiempo, al frustrarnos y desesperarnos con tanto intento siempre condenado al fracaso, empeoramos y buscamos otras alternativas más absurdas, engañándonos a nosotros mismos, para adquirir una autoconfianza que el propio alcohol nos ha robado. Hacemos cosas a la desesperada, desde viajar para cambiar de aires, cambiar de trabajo o ambientes sociales porque siempre damos la culpa a lo externo evitando darnosla a nosotros mismos, e incluso somos capaces de llegar a pensar que formando una familia y teniendo hijos nos dará esa fuerza necesaria para madurar y no estar siempre sometidos a la botella.

En realidad cuando se está enfermo, aunque se huya o intente cambiar de vida, el alcohol nos seguirá a todas partes porque nos acompaña hagamos lo que hagamos. Eso nos demuestra y ratifica que el problema no está fuera, sino en nosotros. Y triste, desgraciada, y lamentablemente, por mucho que hagamos … no podemos huir de nosotros mismos.

El alcoholismo no se arregla poniendo parches, porque filtra por todos los lados. Si tenemos un problema de alcohol o hemos enfermado, por muchas vueltas que le queramos dar y soluciones que encontrar, debemos ponernos en tratamiento y recuperarnos. Está claro que eso supone enfrentarnos a nosotros mismos «a pelo», sin sustancias que nos produzcan efectos, y afrontar la realidad sin recurrir a escapes o evitación.

 

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