No sé lo qué quiero, sé lo qué no quiero.

Pensar de este modo, es un buen comienzo.

Cuando ya estás vencido, derrotado y hundido. Cuando has perdido el sentido de tu propia vida porque el alcohol te lo ha robado o borrado. Cuando ya no te acuerdas ni de quién eras, empezar a reinventarte desde esta premisa te puede salvar la vida.

» No sé lo que quiero …» entra dentro de la lógica de cualquier enfermo alcohólico que decide poner fin a su patética trayectoria vital envuelta en la confusión del consumo. Después de tantos años intoxicado, es normal que cuando decidimos ponernos en tratamiento estemos muy desorientados y desconcertados.

Sin embargo el » … pero sí sé lo que no quiero» es la clave para mantenerse firmes en un proceso duro, largo y costoso como es volver a reaprender a vivir sin necesidad de consumir.

Creo más en la convicción que en la fuerza de voluntad. Esta última es necesaria pero no suficiente. No obstante, quien se agarra a un ideal, será muy difícil de abatir.

Uno tiene que emprender una recuperación de «ida» (sin posibilidad ni contemplación de retorno). En todo camino siempre surgirán avatares y adversidades, pero sólo aquél que se mantenga firme ante tales, podrá subsistir.

Es un poco el más de lo mismo: Dejar de beber es sencillo relativamente. Lo complicado es mantenerse en ese estado y cada vez tener menos necesidad de hacerlo hasta que llegue a extinguirla.

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