No existe la «inmunidad alcohólica».

Creerse intocable e inmunizado al alcohol por mucho que se pueda beber o se aguante el consumo sin signos aparentes de embriaguez  no significa que el alcohol esté ahí, haya entrado en nuestro cuerpo, llegado a nuestro cerebro, y …haga su trabajo.

El típico y tópico pensamiento prepotente de que «se sabe beber o se controla» seguido del » A mí, nunca me pasará» es la fórmula matemática exacta para enfermar.

En primer lugar, mencionar que lo del «aguante» con el alcohol se llama «tolerancia» y eso, no es bueno.

Por otra parte: ¿Qué es saber beber? Porque beber un par de copas, sabe hacerlo casi todo el mundo. Otra cosa muy distinta es poder beber con frecuencia, en grandes cantidades y que las consecuencias físicas o psicológicas todavía no hayan aparecido.

Sobre lo del control y el a mí no me pasará, dos aclaraciones muy importantes para que no caigamos en uno de los rasgos más característicos del ser humano cuando se hincha de soberbia y orgullo;la imbecilidad. La primera, es que el control sólo y exclusivamente puede existir en un bebedor que no haya enfermado porque si lo ha hecho, su capacidad y dominio sobre los consumos es nula. La otra, es que el «a mi no me pasará» ,para que se hagan una idea todos esos que lo piensan o lo dicen jactándose de saber beber, lo dijimos todos los alcohólicos antes de enfermar (yo, el primero).

Ningún consumidor de alcohol está exento a sus consecuencias: Desde los abusos y excesos en las fases iniciales, las consecuencias físicas o trastornos y patologías asociadas al consumo, como la propia enfermedad.

Nadie es inmune al alcohol

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