Por dejar de beber no te premian. Si estás enfermo, el premio es la misma recuperación.

Entiendo que es un ejercicio de superación bárbaro, en el que además, suele venir acompañado de un gran crecimiento y desarrollo personal. Este esfuerzo es costoso porque implica a veces una gran desgaste al tener que aprender de nuevo a gestionar emociones que durante muchos años tuvimos anestesiadas. Pero lo que es seguro es que nadie nos va a dar una medalla por ello, tal vez alguna palmadita en la espalda. Pero no hay que caer en el victimismo, ya que en la vida de cualquier persona, y más en los tiempos que corren, más que motivaciones existen trabas y adversidades continuamente.

Por eso, debemos entrenarnos para esperar cualquier cosa (buena o mal, alegre o decepción) sin tener necesidad de volvernos apoyar en la botella.

No es fácil para nadie, pero la diferencia entra nosotros, los alcohólicos, y los demás está ahí:que cuando nos ofuscamos, confundimos, desgastamos, desesperamos,…siempre esperamos un premio al haber asociado el consumo de alcohol a algo gratificante y de recompensa durante tanto tiempo.

Dejar de consumir estando enfermo no garantiza que las cosas nos vayan a ir bien obligatoriamente, sino más bien que nosotros al menos no iremos tan mal. Que poco a poco recuperaremos la confianza, la autoestima, y el coraje para afrontar la vida y resolucionar sus obstáculos de otra manera.

No hay que esperar medallas, porque quien de verdad trabaja, los resultados ya le llegarán

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