No es cuestión de tener oportunidades, sino de saber aprovecharlas.

 

Cualquiera que hayamos enfermado de alcoholismo, necesariamente hemos tenido que pasar por todo un proceso con sus fases, especialmente la de negación y no aceptación de la misma hasta que nos hemos visto muy perjudicados.

Las oportunidades a lo largo de este infernal recorrido que va desde el beber a querer morir por hacerlo, suelen ser muchas. En algunos casos, infinitas.

No todos tenemos el privilegio de tener un momento de lucidez en una mente tan caótica y desordenada como es la de un enfermo alcohólico.

Entonces, ¿Por qué no las aprovechamos todos los enfermos?

Una vez que enfermamos, que cruzamos esa maldita e invisible linea entre lo normal y lo patológico, algo en nuestra cabecita se rompe y nos conduce al autoengaño: Siempre pensamos que tendremos u otra oportunidad o tiempo más adelante de rectificar. De ahí la conducta de constantemente posponer los tratamientos y rechazar las ayudas porque tenemos esa fantasía que nos lleva a una absoluta convicción que nosotros ya «decidiremos» el momento.

Obviamente todo este entretramado no es más que otra de las múltiples trampas que el alcohol nos juega.

Lo importante no es cuántas oportunidades tengamos, sino que cuando pase una por delante de nosotros, como mínimo que sepamos pensar que somos muy afortunados de tenerla.

El alcoholismo es una enfermedad mental ignorada e invisible. pasa muy desapercibida en nuestra sociedad y se sabe disfrazar de otros trastornos. Los problemas de alcohol … nunca, nunca, pero nunca, pueden tener un buen desenlace.

Por muy jodidos que estemos, tengamos esa capacidad de hacer esta reflexión.

 

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