¡No era yo, era el alcohol!

La excusa madre de todas las excusas:

¿Justificarse con que se había bebido para ser menos recriminado o no sentirse tan culpable?

No sé que es más ruin y miserable, si el propio acto de ir bebido o ser tan mezquino de ampararse en ello.

No hay consecuencia que se pueda justificar por haber bebido más de la cuenta. Ni la mías, ni la de nadie.

Puede que no tengamos suficiente información sobre esta enfermedad pero experiencias propias y ajenas nos han enseñado casi desde que tenemos uso de razón que el abuso de alcohol, altera nuestras conductas y comportamientos mentales y nos hace actuar inapropiadamente.

Por lo tanto, ni es excusa, ni es atenuante.
¿Qué tenemos remordimiento o arrepentimiento? ¡Eso es diferente!. Pero pretender «echar la culpa» de nuestra imprudencia al alcohol es de miserables.

De hecho, todos los que somos alcohólicos o llevamos un consumo prolongado durante nuestra vida, sabemos de sobra las posibles consecuencias de un exceso de alcohol.

En este caso, me atrevo a decir que casi es peor el acto que la consecuencia. Sólo los cobardes, mezquinos y miserables pueden intentar esta treta.

Si de verdad nos sentimos mal por lo que hacemos cuando bebemos …¡pongámonos en tratamiento y nos recuperemos de esta enfermedad!

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