Mi guerra

Si alguna «guerra» puedo tener, más que contra el alcohol o sus intereses creados, es en contra de la hipocresía social (de la que yo forme parte muchisimos años) ante la tolerancia, permisividad, aceptación, normalización, y por supuesto legalidad exagerada (además de ser legal la droga, las pocas leyes o normas que existen como la prohibición del consumo de menores que ni se cumplen ni mucho menos se controlan).

¿Guerra contra la sustancia? ¡Jamás! Quien soy yo para juzgar una situación así. Además, creo en que las personas pueden beber si su consumo no le trae consecuencias o le hace enfermar. No, no soy de la liga anti-alcohol o pro-prohibición.

¿Guerra contra las industrias o los gobiernos que recaudan más impuestos en su vente que en el gasto sanitario?  ¡Qué va, no estoy tan zumbado de montarme este tipo de cruzadas!

Mi guerra es una crítica social a esa invisibilidad o pasividad que parece que existe por, para y hacia el alcohol.

En primer lugar no se dice, y lo que es más peligroso, no se educa juntando o incluyendo la palabra alcohol dentro del concepto drogas, sino que ya nos hemos habituado a diferenciarla como si la minimizáramos y seguimos enseñando a nuestros hijos a decir «Alcohol y drogas» cuando esos señores que aparentan ser tan inteligentes y que toman decisiones, tendrían que haber rectificado hace décadas diciendo: «Drogas,incluido alcohol».

Por otra parte soy muy crítico con la «desinformación» o confusión en el mensaje, y especialmente estoy en contra totalmente de los planes de prevención que se han hecho en las últimas décadas, a no ser que lo que pretendían eran que bebiéramos más, porque si es así, lo han conseguido. Pero no solo beber más, sino a más temprana edad y con una forma de hacerlo (hemos pasado de un consumo mediterráneo a un consumo anglosajón de atracón y botellón) mucho más peligrosa.

Estoy en contra de muchas cosas en las que no terminaría nunca de escribir. Entiendo que las soluciones no puedan ser inmediatas de un día para otro, pero si es necesario una replanteamiento de la situación, más que nada para educar y corregir a las nuevas generaciones:nuestros hijos.

Por último, que no por ello deja de ser más crítico, para mi todas las drogas en abuso o con mal uso son malas (no me refiero sólo a sustancias tóxicas sino a adicciones como el juego ,el sexo, etc)  pero el alcohol es la que se lleva todos los honores en el cinismo social y cuenta con el apoyo y complicidad de la mayoría.

El alcohol no es que sea una droga, sino que es la madre de todas las drogas. Actúa como detonante y disparador por su efecto desinhibidor al consumo de otras sustancias o adicciones (Es el típico y tópico cuando vas cocido de «de perdidos al río»)

¿Sobre su aceptación? Que cada cual lo juzgue como quiera pero tu nunca entrarás en una tienda, un supermercado, una gasolinera, un bar, o un lugar donde en los estantes en lugar de botellas haya rayas preparadas de cocaína, porros liados a la venta, o pastillas de diseño y perturbantes de todos los colores expuestas. Creo que esta exposición, debería hacernos reflexionar porque los niños, aunque sea acompañados de su padre, sí entran en estos lugares y ven desde muy pequeñitos todo tipo de botellas.

 

2 Comments

  1. Martin Cifre James en Facebook el 1 diciembre, 2015 a las 7:19 pm

    Nuestra guerra es aceptar que el alcohol tiene su lugar en nuestra sociedad, como si se hubiera colocado a base de buenas obras, se celebra todo con el alcohol, fin de año, navidades, bautizos, cenas.Leer más ..

  2. Monica Insuasty Jimenez en Facebook el 2 diciembre, 2015 a las 5:11 am

    Como he compartido en otras ocaciones el alcohol es una droga permitida y aceptada por la Sociedad. Cuando decidi asistir a reuniones abiertas de A.Leer más ..

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