Cuando decidimos recuperarnos y damos el paso más gigantesco; aceptar y reconocerlo, el dejar de beber relativamente es lo más fácil (mantenerse abstemios) porque empezamos con mucha fuerza, entrega, compromiso, ganas e ilusión de hacerlo bien y mantenemos la atención puesta las veinticuatro horas del día.

Sin embargo, a medida que pasa el tiempo pasa la concentración y las alarmas empiezan a desconectarse porque no estamos acostumbrados a ellas. Comenzamos a entrar en un proceso de «normalización» en el que corremos un gran riesgo: sentirnos curados.

Por eso, aunque a la gente (especialmente nosotros,los alcohólicos) nos cueste mantener una disciplina, una firmeza, constancia, y perseverancia, debemos hacerlo para no caer en la trampa del alcohol y qué, cuándo éste nos vuelva a llamar, …nos pille despistados.

Vivimos en una sociedad alcohólica y consumista. Los mensajes nos reclaman y llaman la atención con apología al consumo e infinitas asociaciones de ideas mal interpretadas que nos hacen dudar si realmente estábamos tan enfermos como para no poder volver a beber nunca más.

Dejar de beber tiene una gran recompensa;la vida. Y toda recompensa lleva su esfuerzo y sacrificio, especialmente ésta.

Por ello no debemos nunca bajar las alarmas ni la concentración, sino hacer todo lo contrario: reforzarnos, fortalecernos, y nunca,nunca, pero nunca olvidar de donde venimos y quienes somos porque esta actitud y humildad es la que nos puede salvar la vida.

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