Los qué nos rehabilitamos no necesitamos vigilantes, sino ayudantes.

Ya de entrada, informar que a un enfermo alcohólico por mucho que se le esté encima él siempre sabrá como sortear esa vigilancia y será capaz de sacar alcohol de debajo de las piedras.

Por lo tanto, comencemos por no subestimar la capacidad de obtener lo que más desea y necesita;alcohol.

Si realmente quiere recuperarse, tiene que salir de él. Evidentemente con la máxima ayuda posible de centros, especialistas, y la propia familia, que son los que le van a orientar y dirigir para que comprenda su enfermedad y proporcionarle estrategias, recursos y habilidades para enfrentarse a la vida y a él mismo sin necesidad de consumir.

Todo eso es un proceso complejo y duradero. No se han «inventado» academias de dejar de beber o controlar el consumo. Lo que existe son lugares para tratar la enfermedad y recuperarse mediante un tratamiento.

Comento todo esto porque a veces, el familiar con su actitud, resta más que suma. Esa postura de «yo estaré encima de él …» puede volvérsenos en contra si con toda la buena intención, lo único que logramos es incomodar y agobiar el propio enfermo.

Comprendo este estado de ansiedad y preocupación permanente que queda impregnado en el familiar en el que desconfía y no tiene ninguna credibilidad hacia el enfermo de tantas veces que se la ha jugado. Comprendo también que esté molesto, resentido y enfadado por lo que hizo antes o por las veces que ha dicho que se iba a poner bien y ha continuado haciendo más de lo mismo e incluso empeorando.

Comprendo muchas cosas, pero … no las comparto.

Un alcohólico cuando comienza a sacar la cabeza de ese pozo del consumo, lo que más necesita es ánimo, apoyo y motivación. No que le den «palmaditas de aprobación» todo el día, pero que al menos no le agobien y le dejen hacer su duro trabajo de recuperarse a su ritmo y sin presión.

Esta cuestión crea mucha controversia porque no todos los familiares están de acuerdo, pero desde mi experiencia personal y las miles de horas y personas con las que he trabajado y tratado, sé que se sienten más útiles y propensos a la recuperación cuando no tienen que estar cada día pagando la deuda de su pasado y se les concede libertad para crecer y evolucionar por sí solos. eso es lo que de verdad les da fuerzas para seguir adelante y mejorar: el no sentirse constantemente observados, vigilados o condicionados, sino que por primera vez en su vida son capaces de comprender y hacer algo tan importante para su posterior bienestar vital, como es el salir de este infierno.

Siempre afirmo con rotundidad y mucha firmeza:

Si no somos culpables de nuestra enfermedad, sí debemos ser responsables de nuestra recuperación.

Y ser o aprender a ser responsables es ese pequeño primer paso que conduce a llegar a un largo recorrido.

Siempre habrá excepciones de personas que necesitan un condicionamiento y observación extrema para evitar que vuelvan a tropezar, pero esas personas no quieren recuperarse de verdad sino que son obligadas o condicionadas a hacerlo. Por ese motivo, la necesidad de tanta precaución.

Ayuda y apoyo son palabras que parecen muy semejantes, pero en realidad, aunque vayan de la mano, no siempre significan lo mismo. Ayudar es necesario, apoyar es seguir teniendo esa esperanza, confianza y perseverancia incluso cuando la cosa no ha funcionado bien.

En resumen: menos vigilancia y más apoyo.

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