Los buenos amigos

Tal vez por inercia, siempre nos referimos a la familia directa cuando hablamos de las personas que nos persuaden y ayudan a llegar hasta manos profesionales o un centro porque normalmente es así.  Pero no quiero ni debo olvidarme de los amigos, que estos tal vez no sean tan visibles o tomen protagonismo en la decisión final de todo alcohólico que decide recuperarse, pero sí están ahí, cuando estás rendido, abatido, … derrotado.

Son pocos pero fáciles de identificar. No te hablan con suavidad, ni te minimizan las consecuencias. No te siguen el rollo, ni tan siquiera entran en el juego de la complicidad alcohólica. Por supuesto, no te ríen las gracias de beodo, ni te animan a que te tomes otra más. Te hablan duro y directo, arriesgando, y lamentablemente en ocasiones, discutir y terminar aislándolos porque son como el eco de nuestra conciencia, y eso no nos interesa.

Pero hacen un gran trabajo día a día recordándonos que no vamos bien, que el alcohol nos está destruyendo, que debemos tomar una determinación porque así no podemos continuar.

Ellos no tienen ningún interés creado, simplemente amor y bondad que les afecta porque les duele verte vencido por una botella.

De ellos nos olvidamos, incluso nos enfadamos porque la verdad nos duele. Los evitamos para no tener que afrontar las cosas que nos dicen, porque los alcohólicos sólo queremos oír lo que nos interesa escuchar, y ellos … no hacen eso tan miserables, aún sabiendo que la botella os separe y rompa la amistad.

Mi admiración por esas personas que aunque no sean familia directa, son valientes y capaces de decir la pura realidad al enfermo corriendo el riesgo de ser despreciados por ello.

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