A pesar de ser repetido hasta la saciedad y de generación en generación, seguimos creyendo todo lo contrario cuando nos dicen que las prisas no son buenas.

En el caso de la enfermedad de alcoholismo, especialmente en su tratamiento y proceso de recuperación, creo que las prisas, la precipitación, y la inmediatez (esa búsqueda de resultados rápidos), se convierten en el mejor «camino de retorno» o aliado de la recaída.

Vísteme despacio que tengo prisa

Cuando alguien deja de beber y quiere arreglar todo el siniestro que ha hecho a lo largo de casi toda su vida por culpa de los consumos en unos meses … ya está errando el planteamiento.

Hay que recuperarse pero no hay que tener prisa,sino todo lo contrario:firmeza,constancia,paciencia, y perseverancia.

Un enfermo que viene de un  mundo caótico, desordenado,de ruido y conflicto, cuando por fin consigue silenciar su cabeza, lo que debe hacer es ponerse tranquilo, comprender la enfermedad, disfrutar de la recuperación aprendiendo a sentir,vivir,observar,contemplar sin más. Poco a poco, el orden regresará a nuestra mente e iremos recomponiendo ese rompecabezas de sensaciones y emociones.

Está claro que el alcohol nos estirará hacia su terreno y por eso debemos ante todo estar tranquilos y serenos. No nos debemos precipitar ni en las acciones ni en las tomas de decisiones. Y ni mucho menos angustiarnos por el porvenir, ya que bastante trabajo tenemos en no repetir el pasado.

¿Mi sugerencia personal? Si la recuperación es eterna … ¿Para qué tener prisa?

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