Las oportunidades perdidas: Cada vez quedan menos trenes

 

Creo que en algún momento de una borrachera, al día siguiente de bajón y depresivos, o cuando hemos estado sensibles por remordimiento, la culpabilidad, y vergüenza que hemos podido llegar a sentir, todos los alcohólicos hubiéramos dado lo que fuere para no volver a estar nunca más así.

Hemos jurado hasta la saciedad, hemos suplicado otra oportunidad, hemos hecho promesas utilizando como prenda a nuestros seres queridos, y la desesperación ha sido tan inmensa que hemos gritado socorro más de una vez.

Pero la realidad de esta enfermedad es que todos esos buenos propósitos, siempre han acabados dentro de la siguiente copa.

Cada oportunidad que dejamos escapar para recuperarnos es un alimentar más a la enfermedad. Ella se va creciendo con nuestros fracasos.

Esta dinámica de sólo preocupar o angustiarse temporalmente para luego acabar olvidándonos y volver a las mismas, lo que consigue primordialmente es desgastar a los demás y desacreditarnos a nosotros mismos.

» Cada vez quedan menos trenes … y la estación puede cerrarse en cualquier momento».

Pensar que siempre estamos a tiempo de coger alguno que pasará más tarde es una gran temeridad, porque el alcohol no perdona, y si este te deja en la estación, …te mata.

El «no puedo», «no soy capaz», «lo he intentado muchas veces y nunca lo he conseguido», no son más que pensamientos aliados del propio alcohol. La botella es muy celosa y nos quiere sólo para ella. Hará que nuestra mente se debilite y desanime con tal de que no la abandonemos.

¡Por una vez. ….seamos más inteligentes que ella! Basta una vez, una sola vez, aprovechar bien una oportunidad de las miles que la vida, nuestra familia y entorno nos da, para no tener que regresar a ese infierno nunca más.[youtube]https://youtu.be/-ovjRac7YVE[/youtube]

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