Lágrimas de cocodrilo

Llorar o compadercerse fingiendo arrepentimiento, remordimiento o tristeza sin sentirlo realmente, es llorar con lágrimas de cocodrilo.

Este «recurso» funciona durante un buen tiempo dependiendo de las dotes de interpretación que tengas (Por norma, los alcohólicos solemos tener bastante) pero como todos los recursos alcohólicos, que no dejan de ser más que simples artimañas y excusas, …acaban por agotarse.

Si realmente fuéramos conscientes de lo grave que es esta enfermedad no nos atreveríamos a frivolizar ni intentar jugar con los verdaderos sentimientos de los demás con nuestras ruines, míseras, y penosas actuaciones que lastiman mucho a aquellos que creen y confían en nosotros ya que su sufrimiento es igual o mayor que el propio nuestro.

El alcoholismo no da ninguna gracia. Las nuevas «formas» que vienen de consumir, menos. La incursión progresiva y en aumento de las nuevas generaciones minimizando sus efectos más que humor san pavor y escalofríos.

Nunca me canso de avisar de algo que ya está aquí: una pandemia.

Me importa un huevo que me tachen de alarmista o de apocalíptico pero creo que todos esos que lo puedan hacer en alguna ocasión, deben acordarse de mí y personas que van anunciando «el consumo que viene» cuando leen las portadas de los periódicos y los sucesos.

«¡No sé como ha podido suceder!- se dicen para proseguir con el tópico: Parecía una buena persona….»

Tú dale a la mejor persona del mundo un combinado de alcohol en potencia, en grandes cantidades (para tumbar a un elefante) y mezclado con otras sustancias o drogas que potencien más esos efectos y verás lo «buena persona» que puede llegar a ser.

Pero como siempre digo, estos sucesos que nos impresionan o impactan tanto son sólo la consecuencia de una mala educación que viene de arriba: De los padres, familiares, o adultos. Si ellos beben tomándose al alcohol como una «no droga»  (algo incomprensible llegando al primer cuarto de siglo del XXI) y minimizando sus efectos, infravalorando la enfermedad, aceptándola y encima con el añadido de legalidad y permisividad.

En fin, como este «cambio social» no será inmediato, empecemos cada uno de nosotros por no comulgar con ruedas de molino y saber aportar nuestro pequeño granito de arena tomando consciencia empezando, por ejemplo, por no ceder o dejarse engatusar por las lágrimas de cocodrilo de alguien a quien queremos cuando nos venga con sus intenciones engañosas y no sentidas del famoso y aburrido «no lo volveré a hacer».

Esforcemosnos en comprender un poco más esta enfermedad y mejor podremos ayudar.

 

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