La última y nos vamos.

 

La última que nunca es la última. La última que se convierte en el principio del fin de pasarlo bien. La última que es la personalización de la pesadez, de la insistencia cansina, del beber por beber, del beber para emborracharse. La última que significa que la jornada no acabe nunca, que ya se empieza a perder el control, …

Cuando no sabemos parar, no controlamos ni nuestro estado real, no tenemos noción del tiempo ni la ubicación, la desinhibición es total (ese momento en que lo único que te importa es beber), ya nos da igual una cosa que otra, sólo queremos continuar y continuar, beber y beber, ya no nos importa si nos esperan, si estamos haciendo el ridículo, si nuestro comportamiento es desagradable, molesto, o incómodo, cuando a nuestro alrededor empiezan las miradas de preocupación y compasión, cuando todo pierde su sentido y el beber por placer se ha convertido en drogarse por incapacidad de saber controlar o necesidad imperiosa e imparable de seguir consumiendo, … empieza un mal síntoma que delata algo más que un problema con el alcohol;una enfermedad.

La mayoría de personas que acuden a un centro de tratamiento o rehabilitación para dejar de beber lo hacen por este motivo. Al contrario de lo que piensan una gran parte de la sociedad, el tocar fondo y pedir ayuda desesperadamente nunca suele ser por problemas extremos físicos, o por una dependencia «estable», sino más bien por este motivo: No saber parar y querer controlar.

Nos pasamos años y años intentándolo por nuestra cuenta. Tenemos la obsesiva fijación de que algún día lo conseguiremos, que lo lograremos, … pero al final, nos damos cuenta que las consecuencias nos superan y necesitamos ayuda.

La última para un alcohólico no existe. Siempre será «una más».

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