La soledad en compañía

 

Aunque parezca todo lo contrario, no hay persona más sola y vacía que un alcohólico.

Es cierto que aparenta estar siempre rodeado de gente, de ruido, de fiesta y jolgorio, de buen humor y alegre cuando va bajo los efectos del alcohol, pero todo eso es pura fachada. En su interior, … no hay nada: Ni sentimientos, ni emociones, ni tan siquiera recuerdos con claridad. Está solo, solo acompañado pero solo.

El alcohol es un gran anestésico capaz de anestesiar la más profunda de las ilusiones. Todo queda difuminado, confundido,…

Los enfermos siempre, por nuestra conducta, nos compadecemos y lamentamos de que nos han abandonado, nos han ido dejando de lado, marginando,… pero eso, ¡No es cierto!: Los enfermos alcohólicos nos vamos aislando nosotros mismos con el paso del tiempo, el consumo, y nuestro comportamiento. Lentamente vamos quemando todas las naves, agotando a la familia, desgastando a los que nos rodean, quemando a las parejas, arrasando y asolando con todo lo que nos vamos encontrando (o la vida nos regala) por el camino..

Cuando veáis una persona ebria riendo, alegre, de juerga, con mucha gente alrededor animándole y riendo las gracias, jaleando cada imbecilidad que dice, etc. pensad que es un pobre desgraciado que cuando se le acabe el tiempo de fiesta, el dinero, los efectos eufóricos del alcohol y regrese a su casa (si es que todavía convive con alguien o le soportan) que va a estar completamente solo, solo hasta consigo mismo, aislado, sometido a la tortura de la marginación psicológica que sufrirá cuando le venga el bajón y se sienta incomprendido y pleno de remordimientos o culpabilidad.

Incluso aunque tenga a alguien en su casa esperándole, seguirá estando solo porque ese alguien ya estará tan desgastado de oír la misma historia de siempre que apenas le importará muy poco compartir el mismo cuento de cada día.

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