Primero interiorizar, luego ya tendremos tiempo de exteriorizarlo.

Convertir un defecto en una virtud
Esa es la actitud positiva y optimista que hay que adoptar ante la adversidad cuando la enfermedad del alcoholismo nos ha derrotado. Entenderlo, comprenderlo, asumirlo, apartarnos de quienes éramos y reaccionar con una recuperación que nos convierta en mejores personas, aprovechando no sólo la abstinencia sino el crecimiento personal, la reflexión e introspección que vamos a experimentar durante el proceso

No me puedo permitir el lujo de deprimirme, de estar abatido, de desanimarme, de perder la moral y descentrarme, de despistarme con situaciones banales o superficiales, porque la botella siempre está ahí acechando, esperando ese momento de vulnerabilidad para volverme a vencer.

Son palabras duras que hay que decirse a uno mismo, palabras para reforzarse y motivarse, para seguir avanzando por muy duro o cuesta arriba que se nos ponga el camino.

Una persona enferma alcohólica como yo, solo tiene una meta: el bienestar.

En el concepto de bienestar ya se abarca todo lo que siempre decimos, esos pequeños detalles de la vida, esos pequeños momentos, instantes fugaces pero reales, emociones y sentimientos, sensaciones placenteras nacidas de nosotros mismos y de lo que experimentamos, y no surgidas de los efectos de la intoxicación.

Una mente fortalecida y un alma cargada de amor … puede con cualquier obstáculo o adversidad que se anteponga. ¡Seguro!

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