La historia interminable

 

Muy probablemente, casi con toda certeza, en un muchos hogares donde se convive con alcohólicos o bebedores de abuso, especialmente los que aprovechan el fin de semana para darse su más sentido homenaje, ahora mismo están viviendo un domingo exactamente igual que el pasado,el otro anterior, el otro, y así sucesivamente.

Está la misma «estampa»: Uno, tirado en el sofá medio durmiendo, de bajón, sin ganas de hablar, despojado o arrastrado, sin haber todavía ni desayunado, con la tele puesta (lo de la tele, al igual que lo del sofá, es un dato muy curioso: Las resacas son insufribles y la ansiedad nos suele devorar. Necesitamos ruido o algún sonido de fondo que nos acompañe mientras damos los últimos coletazos al atracón o abuso de alcohol del fin de semana), con una dejadez total, muy inestables o de mal humor, con un tremendo dolor de cabeza mezclado con una repetida sensación de remordimiento y culpa, sin ganas de hablar ni de que le hablen o le molesten.

Esto en el caso de que éste conviva con alguien, porque la tendencia natural de esta enfermedad es acabar viviendo solo porque ya nadie soporta ni tu misma presencia.

Los comentarios, los reproches, las recriminaciones, …sobran. Sería caer en el bucle o círculo vicioso de siempre: Una historia interminable.

Lo más triste de este estado reiterativo es que tanto los familiares como el propio enfermo acaben por aceptar y acostumbrarse a esta patética situación y termine por ser algo común y característico de la rutina semanal.

Es cierto que a medida que enfermas llega un punto en que no hace falta que sea domingo para ver este espectáculo, sino que se convierte en diario.

Cómo buen «alcohólico practicante» durante años, décadas mejor, los pensamientos que nos vienen a la cabeza (la mayoría obsesivos, de culpa, de vergüenza, y totalmente desorganizados) son pasajeros y consecuencia del nivel de alcohol que permanece todavía. Por lo tanto, cualquier atisbo de humildad o reconocimiento no es más que una falacia o una fantasía porque, como buena historia interminable, dentro de un par de días cuando la intoxicación haya remitido un poco, volverá a asomar la prepotencia,arrogancia, y soberbia de aquél que era hace unos días antes de empezar a consumir.

Me refiero a las personas «habituadas» al abuso y los excesos, porque los alcohólicos (los que hemos enfermado), puede que la borrachera o la resaca disminuya algo pero los efectos del alcohol y la intoxicación es permanente. Por lo tanto la conducta ya no depende de cuánto,cuándo, ni qué día hemos bebido, sino de la enfermedad que arrastramos.[youtube]https://youtu.be/4rs9rCP_wpY[/youtube]

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