La era de «los consejos»

Vivimos frenéticamente en una sociedad en que constantemente nos damos consejos, ánimos, y frases hechas en las que ni tan siquiera nosotros seguimos o creemos en ellas.

El opinar es gratuito, y las nuevas tecnologías y medios para hablar o expresarse están al alcance de todos, como por ejemplo, las redes sociales.

Personalmente, no soy ninguna excepción y también cometo ese error con frecuencia. ¡Menos mal, que aburrimiento sería ser perfecto!

Pero, … ¡Hay temas y temas!

Yo hablo de alcoholismo, que es una enfermedad muy compleja y desconocida de la que la gente, en general, piensa todo lo contrario creyendo que es simple y muy conocida.

El motivo de esta ignorancia social es la estrategia utilizada por los medios y grandes industrias en los que existen muchos intereses creados, que «venden» el mensaje a través de la «desinformación y confusión» revistiéndola o disfrazándola de «no enfermedad» o «no droga» y adornándola de «legal, social, cultural, y tradicional».

Por lo tanto, respeto a mi introducción (en la que expresarse es fácil y gratuito) es cierto que me puedo y suelo equivocarme, por eso nunca aconsejo sino que sugiero y relato reflexiones de  lo que veo o he vivido, no de lo que escucho o me cuentan a mí. Eso hace que, aunque no le de un sentido purista científico, la experiencia y observación me permite que lo que escribo sea con propiedad.

En el alcoholismo, la realidad supera la ficción

Insisto en qué todo el mundo tiene derecho a opinar, e incluso a equivocarse, pero hay temas en los que está prohibido frivolizar como por ejemplo el alcoholismo, en que según que comentarios de apología, minimización de la gravedad de la enfermedad, el restarle importancia, o el reírse o tildar de exageración cuando se describen las verdaderas consecuencias que se esconden detrás de ella, se puede hacer mucho daño y herir la sensibilidad de muchas (muchísimas, tantas que la gente no imagina) personas que lo viven o han vivido de cerca y, os puedo asegurar que»este tema» … no hace nada de gracia.

Que quede claro que yo no hablo de alcohol, sino de alcoholismo. Son dos cosas muy diferentes: Una es la sustancia, la otra la enfermedad y el infierno.

 

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