La diferencia entre sobrevivir y vivir sin alcohol.

Sobrevivir al alcohol significa lucha, oposición, resistencia,… Vivir, recompensa.

Me compadezco más de aquél que lucha contra sus demonios internos cada día porque le han dicho que está enfermo y no puede beber que el propio alcohólico ignorante de su enfermedad.

Nunca me he tomado la recuperación alcohólica como un castigo, sino como una oportunidad. Una oportunidad de entender que todo lo que le sucedió y le sigue sucediendo es consecuencia del consumo, y que dejando de beber todo va a mejorar y se pondrá en su sitio.

Soy muy crítico con los conceptos abstinencia o recuperación. Prefiero un enfermo que lleva un mes sin beber pero que va comprendiendo que la vida puede ser maravillosa y magnífica sin hacerlo, que uno que lleva años pero sigue cabreado y enfadado porque no ha entendido nada de su enfermedad y sigue con la misma actitud y conductas.

Yo no dejé de beber para sufrir, sino para renacer. 

Ese victimismo y pataleo porque uno siente que le han apartado el amor de su vida (la botella) y nada tiene sentido sin ella, es una condena y un yugo demasiado pesado.

Comprender que estás enfermo de alcoholismo, reconocerlo y aceptarlo, y tomar la decisión voluntaria, con fuerza,ganas, e ilusión sintiéndote que eres un afortunado porque has rectificado a tiempo poniéndote en tratamiento y volver a sentir que estás vivo … es la mayor recompensa que puede existir.

¿Querer dejar de beber pero seguir haciendo y viviendo como lo hacías cuando consumías? ¡Una barbaridad y absurdo de planteamiento! Cuando sucede esto, …algo está fallando. Se está construyendo una recuperación sobre malos cimientos y evidentemente, a la primera adversidad se desmoronará.

Por si alguno se ha planteado la recuperación de este modo y se dice a sí mismo que es porque tiene miedo al cambio, yo le diría que si tiene que tener miedo a algo, …sea a seguir consumiendo y avanzando a la destrucción.

¿Miedo a vivir? Sinceramente, ¡No lo entiendo!

Dos frases me repito a diario en mi lenguaje interno que me refuerzan y me ratifican sin necesidad de la aprobación de nadie sobre la decisión que tomé al dejar el alcohol son: «Yo no sobrevivo al alcohol, vivo sin él» y » No soy un convertido, sino un convencido»

 

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