La dejadez, el abandono, y el aislamiento.

Son muchas las consecuencias de enfermar de alcoholismo que voy intentando citando día tras día, y cada una tiene su relevancia.

En este caso, las conductas del titular. Dejadez, abandono, y aislamiento son características muy propias de la enfermedad y no de un simple «beber más de la cuenta».

Este tipo de actitudes delatan muy bien como el alcohol nos va venciendo y ganando dominio sobre nuestra personalidad, anulándola y disminuyendo nuestra autoestima y moral.

La dejadez y el abandono no son siempre obligatoriamente físicos (higiénico, estético, etc.) sino también psicológicos (sedentarismo, inactividad, desilusión, desmotivación, etc.)

Cuando entramos en una espiral de dejadez es lo mismo que un «dejar de querernos más que dejar de cuidarnos».

Por otra parte, el aislamiento, por mucho que nos hagamos la víctima y los incomprendidos quejándonos y lamentándonos que nos han dejado tirados y solos, eso es una mentira y autoengaño porque ese aislamiento familiar y social, en realidad, lo provocamos nosotros. Nos interesa apartarnos de todas aquellas personas que tanto nos quieren y se ven obligadas a recriminar nuestra conducta por la forma de beber y la necesidad que tenemos. eso hace que nuestra mente alcohólica los considere amenazas y la mejor manera de evitarlas, es huyendo.

Me mantengo: Cada enfermo es distinto pero la enfermedad es la misma. al final, el patrón de conducta acaba siendo el mismo o muy similar.

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