La celebración más grande es la de vivir cada día

A medida que nuestra mente se va empapando de alcohol, con el transcurso del tiempo, vamos aumentado celebraciones «artificiales» para rellenar ese vacío que se nos crea. Celebramos todo lo que se nos ponga delante con la excusa de poder consumir.

Todo tipo de celebraciones, incluso las que no existen nos las inventamos.

Necesitamos «darnos permiso» y justificar nuestra manera de beber (en los enfermos, por exceso, con abundante frecuencia y constantes abusos) y para ello nos creamos un motivo.

Como dice Josemi, un amigo mío: «Si mi equipo ganaba bebía para celebrarlo. Si perdía, también bebía para olvidarlo»

Estos días que tenemos un puente largo de cinco días nos sirve de antecedente a lo que va a ser un período de casi veinte días durante las navidades. Estaba reflexionando al escribir esta mañana y me decía a mí mismo: ¿Puente, qué puente? Este planteamiento procedía de imaginarme cuando bebía, que en días como estos con tanta permisividad, si me preguntaban qué tal los había pasado no podía contestar porque como los habría pasado bebidos, ni me habría enterado.

Lo mismo con todas las celebraciones.

Si actualmente tengo algo que celebrar se llama estar vivo y sin una gota de alcohol que me nuble ese día que voy a vivir.

¿Celebraciones? ¡No, gracias. Ya celebro cada día!

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