El insoportable y repugnante «humor alcohólico».

El humor alcohólico para comenzar no es humor en sí, sino una ofensa e  insulto al buen gusto y la inteligencia por la falta de ingenio y ocurrencia que no satisface; agrede.

No hace gracia, da lástima. Es socarrón y desagradable, no divierte ni anima.

Se basa en el chiste fácil, en expresiones repetidas de generación en generación, por norma de índole machista, sexista, y déspota.

Las expresiones que lo caracterizan son muy pobres en léxico y contenido.Son callejeras o «bareras».

Lo cínico e hipócrita que la figura del alcohólico o persona intoxicada a la que nos referimos como «el borracho», es una pieza fundamental en la comicidad  de cualquier situación habitual o chiste que se tercie. El borracho siempre aparece en el humorismo para dar esa chispa graciosa, precisamente por su condición de persona que debido a su estado de alelado y empanado, tiene todos los elementos para hacer reír.

Pero cómo se emplee a los borrachos como eje de los chistes para aumentar su comicidad no es lo que me interesa resaltar, sino como nosotros los alcohólicos contamos historias anécdotas exageradas y alteradas para divertir a los demás de tal forma que lo único que conseguimos es molestar, no hacer nada de gracia, ser babosos, rozar lo patético y ridículo, repetitivos, y agudizar más la incomodidad de nuestro lamentable estado haciendo que los demás, más que reírse, tengan vergüenza ajena.

Los alcohólicos tenemos dos propósitos básicos muy definidos para movernos en nuestro submundo del consumo: agradar a los demás y buscar su complicidad.

Para ello, utilizamos todos los recursos posibles aunque sean hacer el ridículo.

Contamos historias ordinarias, nos apropiamos de anécdotas que no son  nuestras, las exageramos al máximo resaltando lo más divertido y gracioso (obviando evidentemente lo desagradable y sucio que ocurrió en la realidad de esa historia), y las repetimos hasta la saciedad para caer bien, aparentar ser graciosos y ganarnos los aplausos de una escasa y alcohólica audiencia que nos escucha probablemente tan intoxicada como lo estamos nosotros.

» El alcohol desinfecta, ya descansaré cuando esté muerto, la que me va a caer cuándo llegue a casa, …» Podría nombrar no cientos, sino miles de estas expresiones que «animan» a esa audiencia a seguir consumiendo y riéndose en grupo de las preocupaciones y ansiedad de esos que de verdad nos quieren, nos están esperando angustiados, y no les hace ninguna pizca de gracia observar como cada día o frecuencia, llegamos en un estado lamentable.

Por cierto, es un humor «externo»: En casa, ese buen estado de ánimo que aparentamos se convierte en todo lo contrario:enfado, amargura, rendición.

1 Comment

  1. Benito BN en Facebook el 9 noviembre, 2016 a las 8:16 am

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