Esta es la paradoja del enfermo alcohólico o por otras sustancias: No quiere dejar de consumir porque le asusta estar bien y no saber gestionarlo.

Mientras andamos con la muleta (la botella, drogas), andamos protegidos y seguros (otra paradoja, curiosamente).

Después de tantos años inmersos en el submundo del consumo, nos hemos adaptado y convertido en la zona de confort. Donde mejor nos encontramos, los enfermos es bebiendo, drogándonos o el estado que nos produce el efecto del consumo.

Obviamente lo tóxico puede ser cualquier persona o situación que nos traiga consecuencias negativas para nuestro bienestar.  La idea que nos atormenta al plantearlos abandonar es la de si seremos capaces de soportarnos y soportar a los demás sin efectos artificiales o provocados por la intoxicación.

Tenemos pánico a ser normales, tenemos pánico a cerrar toda nuestra vida pasada ( hábitos, círculos sociales, «amigos», mentiras, manipulaciones, etc.) ese miedo al cambio, a una nueva vida y real, nos impide tomar la decisión correcta incluso llegando a pensar, por este miedo que nos invade, que no podemos sentir, amar, ser felices, alcanzando el bienestar.

La recuperación  es sinónimo de recuperación de la vida, de renacer, de resucitar, de reinventarse. Aprovechemos bien este trabajo que realizamos con mucho esfuerzo, disciplina, constancia, en cambiar todo  para conseguir un bienestar emocional que sea para siempre.

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