Sin saber el qué, la mayoría, por no decir todas, de cosas que nos suceden a los alcohólicos son culpa nuestra.

Nos encanta esta actitud de víctima, de autocompasión, de dar lástima y culpar al mundo de la mala suerte que hemos tenido. Nos gusta ir por ahí dando pena y quejándonos,

Las consecuencias de un abuso y consumo prolongado, de una dependencia, y alteración constante de nuestras conductas mentales, la propia inestabilidad emocional de frecuentes subidas y bajadas, el desgaste, los conflictos continuos, etc. hacen que desde luego, nuestra vida sea sencilla y fácil de sobrellevar.

A medida que enfermamos, más complicamos nuestra propia existencia y condicionamos nuestra forma de vivir en torno a una botella.

Pero de ahí a querer dar la culpa a los demás y provocar lástima y compasión, entra ya en juego la degradación de nuestra persona y la actitud mísera y de falta de honestidad a la que nos arrastra el alcohol.

La gente siempre asocia consecuencias del alcohol con consecuencias físicas pero el arrastrarse, perder la dignidad, beberse la autoestima … es un buen castigo psicológico.

Menos dar lástima y más ponerse en tratamiento o buscar ayuda.

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