Gente grande

Me gusta ser agradecido y acordarme aunque sea una vez al año de todas esas personas que están «en el otro lado» de todo lo que voy hablando a lo largo del año:el alcoholismo.

¡Son gente grande! Personas recuperadas con años e incluso décadas, rehabilitadas y reinsertadas, personas con cara o sin ella que de alguna manera siempre están ahí para ayudar a otros que empiezan o que contemplan la idea de dejar de beber.

Yo tengo el orgullo de contar con personas con mucha experiencia de todos los nacionalidades, países (especialmente muchos de vosotros que seguís y leéis la página a diario desde miles de Kilómetros, de Venezuela, Ecuador, Colombia, Argentina, Bolivia,…), muchos nacionales (de todas las provincias de España) y los que viven aquí en Mallorca que por cercanía y proximidad tengo más contacto.

Personas desinteresadas, personas que comentan, ayudan a otros, …que vais siguiendo esa cadena de amor (Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta emplear «cadena de favor» porque me suena a una compensación y prefiero «cadena de amor» que ofrece una entrega mas incondicional)

Algunos lleváis décadas sin consumir y vivisteis este infierno al igual que lo hice yo y lo harán muchos más.

Voy camino de seis años seguidos y continuos haciendo reflexiones y cada día me reafirmo más en una conclusión: Tengo muchísimon que aprender.

Pero hablando de «gente grande» mención especial para todos aquellos que empiezan y lo intentan. A los que están cerca tengo la oportunidad de decirles a la cara de lo orgulloso que me siento cuando les veo luchar contra esos demonios que la botella nos envía reclamándonos nuestra presencia, que se esfuerzan, tienen ilusión, entrega, y compromiso.

¡Eso sí que son valientes! Esas personas que una terrible y compleja enfermedad les ha desmenuzado y sacan fuerzas de flaqueza, sin apenas autoestima y amor por sí mismos y son capaces de intentar recuperarse a pesar del lastre que arrastran de problemas emocionales y sociales.

Esta reflexión no es más que una muestra de agradecimiento a todas las personas del mundo que se rehabilitan o ya lo han hecho y solamente con su presencia y existencia, ya dan ejemplo a los que comienzan.

Me es indiferente el método, las creencias, el programa, sus normas, su filosofía personal,…, lo que me importa es ese coraje (muchas veces ignorado o no reconocido por la sociedad) para enterrar la botella y aprender a vivir sin beber.

No me puedo olvidar de los familiares que tanto han sufrido y padecido durante nuestro proceso porque aunque alguien lo cuestione o lo ponga en duda, ellos han sido los pilares en los que hemos cimentado y construido las bases de nuestra nueva vida sin alcohol.

¡Gracias … gente grande!

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