Fantasía agotadora

Que una persona tenga fantasías o sueñe despierto de vez en cuando es algo normal y sano para la mente, pero que viva constantemente fantaseando, empieza a ser síntoma de un grave problema.

Eso es exactamente lo que nos ocurre a los que enfermamos de alcoholismo:siempre estamos haciendo proyectos, planes, e ilusiones por norma inalcanzables no porque sean irrealizables, sino porque no tenemos ninguna intención de llevarlas a cabo.

» Voy a hacer esto o aquello,de a partir de ahora…, me dedicaré a tal o cual, estudiaré para, me cuidaré físicamente, aprenderé a hacer lo otro para progresar, intentaré ascender para ganar mas, solucionaré aquello con un negocio…»

Y así nos pasamos media vida sin hacer nada de todo aquello que dijimos, pensamos, e incuso prometimos y nos comprometimos.

Evidentemente todo eso se suele «proyectar» con una copa en la mano cuando estamos de subidón, eufóricos y bajo los efectos del alcohol (que en un enfermo suelen ser continuos).

La realidad, como siempre en estos casos, es otra muy distinta: Agotamos con nuestras ideas absurdas y sin fundamentos, con nuestra inconstancia e incapacidad de terminar algo que empezamos,y con nuestra imaginación desbordada que roza lo enfermo o evidencia una falta de vivir tocando con los pies en la tierra.

Cuando el alcohol se ha cruzado en nuestro camino, esa manera de pensar fruto de nuestra conducta, más que ilusionar es deprimir y desencantar a nosotros mismos y a los que viven y están cansados de escuchar nuestras fantasías alcohólicas.

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