¿Mi evaluación y diagnóstico del alcoholismo …? ¡Los rostros de los familiares!

Los rostros desencajados, las caras de desesperación y angustia, su comunicación no verbal, las miradas, los gestos y ademanes, la postura corporal  y su expresión cuando «dejan» que el enfermo explique su rollo personal para justificarse con sus excusas de siempre, un simple parpadeo en una frase que delata mentira, un asentimiento o movimiento de negación con la cabeza cuando minimiza el consumo, un apretar los labios cerrando los ojos y bajando la cabeza como señal de «no me lo puedo creer que diga esto», …

En el alcoholismo, al igual que otras enfermedades, se necesita evaluar al paciente y examinarlo, hacer un análisis de conductas y comportamientos, interrogar para descubrir detalles que nos puedan delatar información necesaria para hacer un diagnóstico, etc.

Evidente y paradójicamente esa no es mi competencia pero si mi trabajo. La experiencia, empezando por la mía propia y acabando por las miles de personas con las que he hablado o tratado durante estos años, a pesar de no tener un método científico ni realizar pruebas médicas que autentifiquen o validen la información, la mayoría de veces me es suficiente con observar esos rostros de los acompañantes para obtener la información necesaria.

¿Qué es un método casero? ¡Sí, lo es. Pero … no suele fallar!

Antes de empezar un programa de deshabituación o rehabilitación alcohólica (no es un curso ni nada de eso, sino simplemente un proceso en el cual, después de ser examinado y tratado por profesionales cualificados y habiéndose desintoxicado, el enfermo necesita aprender a vivir sin necesidad de beber) se necesita tener un contacto previo al que llaman «Entrevista motivacional» o «Acogida» en un lenguaje más vulgar. En ésta, existe una toma de contacto con el enfermo para obtener información y ver sus ganas de recuperarse si son reales o simplemente por condicionamiento («o lo dejas o te saco a la calle, te despido, te corto el grifo, te abandono, …) o por un susto en el que la persona que aparenta ir en busca de ayuda, plena de remordimiento, culpabilidad, y arrepentimiento, acude para aliviarse y engañarse a sí mismo justificándose en que al menos «lo ha intentado».

En estas «entrevistas»,( en las que por cierto: las intento hacer el mismo día para no dar oportunidad al enfermo a que se le pase el bajón y se vuelva a crecer y creer que no necesita ayuda de nadie porque ha vuelto a consumir y se le ha disparado otra vez la chulería, arrogancia, y soberbia alcohólica), «exijo» que como mínimo acuda con un familiar para tener una referencia y contrastar los datos y versión que me va a contar. En esos minutos que le pueda dedicar, digo minutos porque no creo que se necesite más tiempo ya que quién se quiere recuperar «hace y demuestra, no se limita a hablar», mi mayor fuente de información es observar detenidamente pues eso que mencionaba en los titulares; los rostros de los acompañantes. Ellos … lo dicen todo.

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