Esfuerzo, sacrificio, y trabajo

Malcriados y caprichosos, insultantes y déspotas, infantiles y con mucha tontería. Así es como terminamos la mayoría de personas que hemos enfermado de alcoholismo: ¡Insoportables!

Sin esfuerzo no hay recompensa, pero es que sin esfuerzo tampoco hay recuperación, bienestar, calma,  paz, tranquilidad, emociones vivas y reales otra vez, la familia en sintonía y armonía, no hay nada de nada.

¡Claro que cuesta mucha entrega recuperarse y abandonar el puta infierno de las drogas y el alcohol! ¡ Nos ha jodido mayo con las flores…!

Es que con esa inmediatez de quererlo todo y ya, esa inmadurez de enrabietarse y protestar por todo, ese enfado con el mundo, esa actitud de derrotado y rendido a la que nos conduce el alcohol es imposible que avancemos o evoluciones a hacia unas mejoras en nuestra persona.

Partamos de lo más básico: antes de flipar, imaginar, ensoñar o hacer el cuento de la lechera, compremos primero los tarros para meter la leche. perdón, antes de eso obtengamos la leche. Perdón, antes de obtener la leche, tengamos una vaca.

Sabemos de sobra, los enfermos, que esas películas que nos montamos y esos objetivos que queremos alcanzar por la vía rápida son fruto de nuestra mente empapada de alcohol, que son temporales y acaban desapareciendo con una simple resaca.

Comencemos por tocar con los pies en el suelo, a trabajar muy duro, a estar dispuesto a soportar adversidades y sortear obstáculos sin consumo, por duro que nos pueda resultar. Después … ya vendrán los frutos de ese esfuerzo, entrega y sacrificio.

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