Esa sensación tan alcohólica de incomprensión

 

Todos los alcohólicos nos sentimos especiales, únicos, que sólo nos pasa a nosotros lo que nos sucede, exclusivos, … incomprendidos.

Nos engañamos y llegamos  a creernos que de verdad tenemos un motivo real para poder beber como lo hacemos: «Bebo porque me calma los nervios, bebo para relajarme, bebo porque me quita la ansiedad, bebo porque mi vida fue muy traumática, bebo porque las cosas me salieron mal, bebo porque tuve muy mala suerte, bebo por…»

Siempre justificamos y creemos tener razón del motivo por el que bebemos y lo más enfermizo, es que nos obsesionamos y llegamos a enfadar porque los demás no nos «entienden».

Excusas para beber hay mil,motivos ninguno

Cuando alguien se plantea si es necesario o son efectivas las terapias de grupo, en qué pueden ayudarnos, cómo funcionan, por qué no hacerlo solos sin necesidad de tener que expresar nuestras emociones y vivencias personales,etc precisamente la respuesta a todas estas interrogantes está en el comentario de hoy: Para darnos cuenta de que, aunque cada enfermo sea distinto (piense que por lo que él bebe es especial y justificado), la enfermedad es la misma.

Cuando aterrizamos en estos grupos de ayuda nos damos cuenta enseguida de que no somos tan especiales ni diferentes. Al final somos mucho más parecidos e iguales que el resto de enfermos, que actuamos con el mismo patrón de conducta, y que nos comportamos por el mismo estilo. Nos damos cuenta de que ese «motivo» que nosotros estábamos convencidos que era real … no era más que una excusa.

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