El peligro de negar la evidencia

La negación, cuando enfermamos, no es simplemente sobre si hemos o no hemos bebido sino que se extiende a todo su más amplio contexto: las cantidades, la frecuencia con que lo hacemos, los acontecimientos, los lugares y ambientes que frecuentamos, los horarios y las horas que le dedicamos al consumo…

Se empieza diciendo pequeñas mentiras y al ser descubiertos, «activamos» nuestro mejor sistema de defensa: Negarlo todo.

Pero cuando las circunstancias, las causas, y las consecuencias son extremadamente evidentes y visibles, negarlas comienza a ser una conducta enfermiza. Se ha dado un «gran paso» de la pillería o mentira piadosa para evitar el conflicto a una costumbre insana que va en aumento y se normaliza en nuestra conducta ordinaria sembrando la falta de confianza y credibilidad en nuestras palabras y actos.

Esta situación lo único que hace es «tensar la cuerda». Se entra en una dinámica cada vez más peligrosa y que a la vez desgasta mucho al familiar o pareja que nos apoya porque se siente ofendido o que se le está tomándose el pelo.

En el alcoholismo, toda situación que pueda generar conflicto, como la mentira, las excusas, la negación,…siempre va a más y enreda o complica más una posible solución.

La negación evidentemente es un gran peligro que  no delata buen presagio en el consumo.

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