El peligro de los auto-diagnósticos

 

Conocí a uno que cada vez que el médico le decía que fuera con cuidado con tal cosa, que dejara de hacer la otra, o le advirtiera de las posibles consecuencias por excesos, …cambiaba de médico.

Los enfermos alcohólicos solo escuchamos lo que queremos oír.

En la cultura popular hay una tradición muy arraigada, más bien asociada diría yo, con la «interpretación» de las análíticas.

Uno piensa que porque los análisis rutinarios le salgan bien, ya no tiene problemas de alcohol.

Este tipo de pruebas suelen ser muy básicas, y en el caso del alcoholismo sólo detectan consecuencias fisiológicas a través de los resultados (los niveles, lo que sale fuera de lo normal, si hay algún órgano tocado,etc.), pero no hacen ni pretenden hacer ni mucho menos un diagnóstico exacto.

El alcoholismo es una enfermedad del alma, y por muchas pruebas de alta tecnología y resolución, jamás detectarán según que cosas a través de ellas.

Por decirlo de algún modo, son revisiones ordinarias y analizan el deterioro físico,pero nunca el psicológico o social.

Afortunadamente se está avanzando, aunque lenta, eficazmente, en el análisis de las conductas y los comportamientos que pueden delatar una necesidad obsesiva y enfermiza de consumir. Dicho en otras palabras, la intervención de profesionales que estudian la mente pueden dar más información del alcoholismo que los resultados físicos observados por el consumo y las cantidades.

Pero como siempre, aquí los que tenemos la última palabra, somos los propios enfermos. «Jugamos» con esa ambigüedad y falta de concisión que nos pueda señalar o diagnosticar con certeza la enfermedad.

Los alcohólicos nos auto-diagnosticamos. Nuestra soberbia y arrogancia nos hace creer y pensar que sabemos más que nadie lo que nos pasa,cuando precisamente nuestra mente es una olla a presión de pensamientos dispersos,confusos,y desorganizados que no le dan ningún sentido o criterio que se aproxime a la realidad.

Huimos permanentemente de la única verdad: Que el problema es el consumo.

Buscamos excusas, nos justificamos, damos la culpa a lo «malos» que son los profesionales para convencer a los nuestros de que no estamos tan mal. Mentimos y nos mentimos.

Para no extenderme en un tema tan común entre los enfermos, personalmente yo me auto-diagnosticaba …con dosis.¿ Estoy muy nervioso y no me encuentro bien? Pues me tomo tantas copas. ¿La ansiedad me devora? ¡Me tomo el doble!, ¿Tengo muchos problemas que me obsesionan y no me dejan vivir? ¡Bebo hasta sedarme!,…y así, con mis dosis y cantidades iba alargando el proceso y avanzando hacia el infierno,sin hacer caso a nadie.[youtube]https://youtu.be/4YtwZxrnfNU[/youtube]

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para escribir un comentario.