El cliente del otro lado de la ciudad

«Fulanito era el primero en llegar al bar cada mañana. Llegaba tan temprano que incluso lo hacía antes que el propietario y a veces tenía que esperar unos minutos en la calle hasta que llegase. La rutina era diaria: Se medio saludaban con un gesto, él le ayudaba al dueño a abrir la barrera, y cuando entraban en el local, antes que el tabernero pusiera todo en marcha ya le servía, sin mediar palabra, una copa bien cargada de su bebida habitual. Luego abría luces, ponía neveras en marcha, encendía la tele con un volumen bajo que no se oía nada pero al menos hacía compañía, y daban por abierto oficialmente el local.

Poco a poco a parecían los otros «parroquianos» de siempre y lentamente el bar cogía vida.

En esas primeras horas, las que van desde el amanecer hasta la merienda, el diálogo entre todos ellos habituales a diario el lenguaje no era muy fluido. Tal vez la resaca o el malestar propio del alcohólico o alcoholizado que hasta que no lleva varias copas y se estabiliza eran la causa muy probablemente.

Horas después, a medida que subía la ingesta subía la alegría y euforia de todos los presentes. Empezaba la comunicación, las críticas a la sociedad o al sistema por todo lo que estaba ocurriendo, las conversaciones pedantes y en muchas ocasiones ignorantes propias de aquellos que solo se basan en los titulares de la prensa y jamás leen la letra pequeña y contexto.

Fulanito era muy querido entre los clientes, era especial, era un tipo que no faltaba nunca y siempre estaba ahí para animar a los demás con su generosidad al invitar a beber para que le acompañasen. No tenía trabajo pero sí dinero para beber e invitar de unas pagas que cobraba más lo que le aportaba el sueldo de su mujer. Su afición era beber y nada más.

En resumen, Fulanito era u poco el alma del local. Si él no estaba (cosa que no ocurría nunca9 no parecía lo mismo.

Sólo había una rareza: Fulanito vivía a treinta Km del local y de esa barriada y eso hacían que muchos se preguntaran cómo había aterrizado ahí y por qué tan lejos de su casa para estar en un local bebiendo…»

La historia de Fulanito sucede con mucha frecuencia. es la historia del vencido por el alcohol que necesita irse lejos de su barriada o entorno por no avergonzar m´´as a su familia y amigos que evitando que le vean como un vago y un borracho que se pasa todo el día bebiendo. La enfermedad le obliga  as sobrevivir y que mejor supervivencia para consumir sin ser controlado que irse lejos y rodearse de extraños a los que para disimular su fracaso vital por culpa del alcohol, les puede contar mentiras, exagerar anécdotas, y aparentar ser otra persona en un lugar donde no le conocen.

El alcohol hace eso: te hace huir, aislarte, escaquearte, esconderte, para evitar que puedas ser recriminado o juzgado con los gestos o miradas de desaprobación de personas que han visto tu descenso al infierno de la enfermedad.

Esta alternativa o estrategia es la adecuada para ello.

Muchas veces, cuando hay un suceso o una tragedia de magnitud, al ser preguntados los vecinos, la respuesta suele ser. «Era un tipo muy normal, discreto, apenas le conocíamos y nunca se le veía hacer escándalos ni crear conflictos con la gente del barrio…»

2 Comments

  1. Elena Guisado en Facebook el 8 enero, 2016 a las 6:45 am

    El alcohol te aisla de las personas que te quieren o desean tu bien.Yo durante años me aparte de mis amigos,hermano y buena gente.Todo aquel que intentara decirme que el alcohol lo dejara,lo apartaba de mi vida.Leer más ..

  2. Martin James en Facebook el 8 enero, 2016 a las 2:29 pm

    Yo me fui a otros sitios a beber no abria los bares ni compaginaba con el dueño, empezaba a beber a partir de la tarde, en mi recta final ya era incluso por la mañana, como era peligroso cuando bebia o perdia el control me encerraba en casa sin Leer más ..

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