El calvario de la familia

Las personas que sufren nuestra despreciable conducta, que ni tan siquiera la enfermedad puede justificarla, acaban llenas de heridas, algunas muy profundas, que difícilmente cicatrizarán y mucho menos con palabras bonitas que no salen del corazón sino del instinto de la manipulación y premeditación.

El familiar debe pasar por un proceso muy duro, al igual que el alcohólico. E incluso viendo la mejora y evolución de su ser querido, siempre estará presente la angustia de si vuelve a caer.

La mayor recompensa que podemos tener todos los que trabajamos para ayudar aunque sea con muy poco, es ver y observar esa transformación de los familiares.

Tengo mucho que expresar, pero debo resumirlo y abreviar, por lo que mejor que desde aquí animarles y decir a los familiares que ellos son los verdaderos artífices, casi siempre, de la recuperación.

Cada vez que desprenden esa luz de bienestar, me siento muy feliz y contento por ellos. Se lo merecen.

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