¿Dónde está el límite?

 

«Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente» Ludwing Wittgenstein

Siempre se dice popularmente que se puede beber pero hay que saber cómo hacerlo, sin pasarse ni abusar, sino que bebiendo moderada y responsablemente.

Personalmente estoy de acuerdo. Que sea alcohólico no significa que piense que no haya gente que pueda beber sin tener consecuencias ni les repercuta negativamente al hacerlo de un modo responsable.

Pero por la misma regla de tres, soy precavido y me anticipo a un posible problema con la bebida que aunque no se esté viendo,se puede intuir cómo se está gestando. Por lo tanto, el concepto «limite», por mi experiencia, carece de un valor determinado y estable.

Me explico con un ejemplo muy cotidiano: Una persona que lleva treinta años bebiendo, con algún que otro episodio de abuso o exceso a lo largo de tantos años, pero que el alcohol nunca le ha supuesto un problema (ni físico,psicológico, o social). De repente, con la crisis le van mal los negocios o se queda sin trabajo. A todo eso,se suma una ruptura de pareja o un distanciamiento emocional. Esa misma persona que tenía el límite controlado y «estabilizado», cuando se ve en esta situación, se encuentra con más tiempo ocioso y con la autoestima más baja. Comienza a cubrir un vacío de identidad con el alcohol y, aquí es dónde viene el planteamiento: ¿Será su «límite» (el de tantos y tantos años) suficiente para no verse desbordado y convertirse en un bebedor de riesgo con posibilidad de enfermar?

Realmente el «límite» es muy relativo. Siempre depende de para qué bebemos:¿Bebemos por placer o utilizamos el alcohol? ¿Queremos divertirnos o perseguimos un efecto a través de la bebida?

En resumen, el límite depende de las circunstancias, y cada persona al igual que cada enfermo alcohólico,es un mundo diferente. En consecuencia hay tantos límites como personas y momentos de cada una de sus vidas.

No es positivo «estandarizar» o generalizar un límite con el consumo de alcohol. Es una osadía y una frivolidad.

¿Dónde está el límite…? El límite está en beber cuando nos apetece, en no sentir nunca la necesidad de consumir. Todo lo que lleve la palabra «necesidad», en alcoholismo se puede traducir como enfermedad.

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