El concepto de recuperación es mucho más profundo y, además de ayuda externa y mucha introspección, se necesita una enorme perseverancia para convertir este estado de temporal a permanente. Hay que mantenerse y continuar día a día reforzándose para evitar la idea de consumir. Hay que ir superando las adversidades de la vida sin pensar que, si nos sale mal, siempre tenemos el refugio de nuestra vieja amante la botella. Hay que cambiar, reaccionar, reflexionar, adquirir un sentido totalmente distinto del concepto vida, disfrutar, contemplar, sentir, apreciar y percibir cada detalle, cada momento, cada instante sin necesidad de alterar nuestra conciencia, distorsionar la percepción de la realidad y sin necesidad de anestesia

Entre las cosas más gratificantes que recuerdo de los meses iniciales en mi recuperación, era la de despertarme sin pensar por defecto: ¿qué hice ayer?

Despertarme cada mañana de mi vida sin el remordimiento atizando mi conciencia, sin esa angustia y ansiedad por mi comportamiento del día anterior, contemplando y sintiendo los pequeños detalles y saboreando los momentos … no tiene suficiente literatura para describirlo.

Te devorará la curiosidad, la inquietud, el afán por hacer cosas nuevas y hacerlas bien hechas, empezarás a conocerte de verdad y a quererte, reavivarás tu autoestima, verás a todas aquellas personas que tanto daño le hiciste y que padecieron junto a ti en los momentos de tu enfermedad como les cambia el semblante y sin necesidad de palabras observarás que tú eres muy importante y tus acciones influyen en los demás, te desharás de cargas pesadas, de personas tóxicas, de ambientes contaminados por la envidia, la falsedad, el rencor y odio reprimido, comenzarás a apreciar los detalles que te parecen más insignificantes pero son los que en realidad construyen una vida, te rodearás de personas de verdad, personas que no sólo son de carne y hueso sino también que tienen alma, sin consumir … volverás a vivir.

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