Desafío total

 

 

Cuando la mente está empapada de alcohol, el corazón no puede tener capacidad de amar.

 

Promesas,flores,palabras hermosas embaucadoras, seducción elaborada,… ¡Todo es mentira!

Los alcohólicos no es que no sepamos amar,es que no podemos. Todo nuestro amor lo tenemos hipotecado a una sola amante;la botella.

Una amante celosa,posesiva. Una amante que ejerce una atracción total. No hay nada que pueda anteponerse a esa fuerza, a ese enamoramiento letal.

Cuando enfermamos,nuestra vida cambia de plano: de la contemplación pasamos a la premeditación, de la ternura …al desafío.

Cuando el alcohol vence,la vida se convierte en un desafío total.

Todo va a ser una lucha permanente para defender y posicionar nuestro deseo imperioso de consumir. Irán cayendo por el camino amigos,bellas y hermosas personas, familia de nuestra propia sangre, y todo aquel que amenace romper nuestra relación con nuestro dios embotellado.

«Empiezas consumiendo como cualquier otro. Lo ves como algo tradicional,social,cultural y normal. Poco a poco vas cayendo en una muerte lenta:Tu existes,pero no vives. Mueren los sueños, la ilusión y la imaginación, muere el cariño y la ternura, muere lo que de verdad es real …para renacer en un submundo de fantasía inventado por la confusión que te va creando el propio consumo.

Acabas por desafiar todo aquello que significa vida. Cualquier comentario,expresión,muestra de apoyo y amor, sinceridad,… acaban por parecerte tediosos y mediocres. Sólo encuentras satisfacción cuando puedes echar un trago.

Esa es la verdadera vida (muerte) de un alcohólico: Cuando todas tus esperanzas están depositadas en poder seguir bebiendo.»

 

 

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