¡Déjalo, hoy no le hables!

 

No basta con que se vaya por ahí a beber sabiendo que vendrá muy mal.

No es suficiente con la angustia de estar todo el tiempo, que él o ella están fuera, de estarnos preocupando por si le habrá pasado algo.

No sólo es la actitud y prepotencia con la que llega, eso si es que puede hablar y no balbucea.

No basta con todo eso, sino que al día siguiente tampoco se le puede hablar o decir las cosas porque al señorito/a cuando ha bebido el día anterior y está de resaca, no hay quien le hable.

Por mucho que cada día lo repita, lo veamos de cerca en muchos hogares, a muchas personas que leen la página les pasa, o que lo compartamos, esta conducta se repite una y otra vez durante años y años,incluso a veces toda una vida.

Este «mecanismo de defensa» que empleamos los enfermos alcohólicos es un recurso muy cómodo y egoísta para nosotros (que no me hablen cuando estoy de bajón, resacoso,deprimido,etc. y que lo hagan otro día) pero muy desesperante para el familiar al que lo único que se consigue es hacerle enfermar más a él del padecimiento, la frustración, y la impotencia de no poder comunicarse y expresar su estado de ánimo.

Cada borrachera, abuso, juerga,etc. vamos llevándonos por delante a otros y haciéndolos copartícipes de nuestra enfermedad y consiguiendo que ellos también enfermen.

Por no crear conflicto, por temor o terror, por no molestar, no nos dicen nada y lo dejan pasar. ¿Cuál es el verdadero problema de esta situación? Que luego,cuando pasan unos días nuestra actitud cambia porque estamos bajo el remordimiento y adoptamos una postura sumisa y de comprensión cuando en realidad es sólo de evasión (dejamos que nos den el rollo,pedimos un falso perdón, calmamos el entorno, y al cabo de dos días ya volvemos a estar en las mismas)[youtube]https://youtu.be/KUmZp8pR1uc[/youtube]

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