De esto … ¡Se sale!

Millares de personas cada día se rehabilitan, otras tantas empiezan su recuperación, y millones viven una vida plena y feliz desde hace tiempo en el paraíso de la sobriedad.

Lo que sucede es que hacen más ruido y son más vistosos los qué no lo consiguen que los qué sí y esa situación confunde y nos lleva al estereotipo y estigma social.

Salir de «esto», del infierno en el que estamos atrapados del alcohol, no es tarea sencilla pero sí muy posible.

Los alcohólicos llevamos un monstruo dentro que ha sabido sobrevivir y mantenerse gracias a nuestra mente empapada de alcohol. Con cada copa, lo alimentamos y le hacemos crecer. Este monstruo consigue hacerse poderoso, manejar las riendas de nuestra vida y ser el que toma las decisiones a medida que nuestra autoestima disminuye, y todos los otros rasgos de personalidad van sucumbiendo a su autoridad.

¡¨El manda, él decide, él piensa y actúa, él nos autodestruye y acaba con quiénes somos en realidad!

Detrás de cada enfermo … hay una persona escondida que no se manifiesta ni se asoma porque el alcohol no le deja.

Para mí, la recuperación nunca ha sido abstinencia sino volver a recuperar a esa persona de la que hablaba, que habita en nuestro interior y que la necesidad imperiosa de consumir la tiene anulada, callada y dormida.

Cada vez que escucho comentarios pesimistas, negativos y de frustración respecto a la recuperación alcohólica pienso en el daño que hacen. Daño no sólo a los propios enfermos, que ya padecen su propia tortura teniendo la enfermedad, sino la de los familiares que agonizan con la única esperanza de que algún día lo conseguirán.

No desmotivemos. No lo veamos todo tan negro. Comprendamos mejor esta enfermedad, aprendamos a tener conciencia, preocupémonos por educar a nuestros hijos y rediseñar una sociedad ahora utópica en una realidad futura y próxima.

¡Seamos críticos y comprometidos!

¿El primer paso? Entender, comprender y saber que el alcoholismo tiene tratamiento y recuperación.

Ese primer paso es la esperanza de muchas familias que no viven porque la enfermedad les está arrastrando junto con sus familiares.

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