Cuando has cruzado la linea

El sueño de todo alcohólico es algún día poder saber beber o controlar.

A pesar de la abundante información de la que disponemos sobre las consecuencias, de ver como en nuestras propias familias algún miembro se ha autodestruido o ha arrasado con todo por culpa del consumo, de saber que es una de las drogas más potentes, más extendidas y permisivas, y que va para largo (siglos) su permisividad y legalidad aún demostrando con creces, no con estadísticas sino con hechos contrastables, que es unos de los principales causantes de muerte o trastornos directa e indirectamente en el mundo, … vamos “in crescendo”.

Nos dicen y diagnostican cuando hemos enfermado que es crónico e irreversible y continuamos, si no consumiendo, pensando en algún día poder volver a hacerlo.

Hacemos lo más difícil como por ejemplo mantenernos en abstinencia o seguir algún tratamiento para desintoxicarnos física y psicológicamente, pero nuestra mente continua pensando, soñando, fantaseando, y cavilando en cuándo podremos volver a beber o cuándo sabremos hacerlo sin consecuencias.

Esa fantasía, ese sueño tan impregnado es lo que hace que no nos recuperemos nunca. Por mucho tiempo que llevemos sin consumir siempre nos seguimos autoengañando con qué algún día podremos hacerlo.

La auténtica recuperación alcohólica no es la abstinencia ni permanecer temporalmente sin beber, la auténtica recuperación es cuando el la posibilidad de volver a hacerlo se descarta y nuestra mente se entrena para conseguir olvidar esa utopía, y aceptar asumiendo nuestra enfermedad, tomando un camino distinto y siempre alejado de él.

Eso sólo se consigue cuando uno es consciente de que contra la botella ha perdido la guerra y todas las batallas posibles que emprender.

No hay derrota más hermosa que la que nos sirve de aprendizaje y nos fortalece para ganar otras guerras que son más importantes.

Personalmente no me molesta haber sido vencido por el alcohol, porque gracias a ello he conseguido dosificar y utilizar mis energías en batallas en las que sí vale la pena luchar, batallas que a simple vista nos parecen las más simples y su conjunto son las que forman el bienestar y felicidad: Conocerse, encontrarse con uno mismo, vivir, sentir, percibir, amar a la familia, realizarse, contemplar, aprender, evolucionar, crecer, …

En todas, el alcohol ya no entra en mis planes.

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