Contracorriente

 

Nos quejamos de la crueldad de la sociedad sin reparar que somos nosotros quienes la formamos.

Cada día que escribo aquí y hablo de alcoholismo soy consciente de que existen muchas otras enfermedades terribles y agónicas. Sé que muchos las sufren,tanto directa como indirectamente,y por supuesto entiendo que cada uno ya tiene bastante con su carga.

Pero no me cansaré nunca de hacer crítica social sobre la facilidad asombrosa que separa el consumo de alcohol de la enfermedad. Riesgo al que todos,los bebedores,estamos expuestos.

Al igual que tampoco lo haré de la apología que se practica con frivolidad y sin escrúpulos incitado al consumo de alcohol a través de los medios.

Un alcohólico rehabilitado tiene que luchar contra muchos miedos,inseguridades y fantasmas para llegar a comprender que existe vida más allá del alcohol. Esto,evidentemente,supone un esfuerzo tremendo de interiorización,introspección, y crecimiento personal. Pero,pero,pero…,de nada sirve si no lo preparamos para cuando se rompa el cascarón:Ese alcohólico tendrá que abandonar su programa de recuperación y enfrentarse a la sociedad,adaptándose a ella y siguiendo sus reglas del juego. Entre esas reglas está el asumir que el resto del mundo que no ha padecido esta enfermedad normaliza y ve como algo común el beber alcohol.

En definitiva,dejar de beber y «salir» a la vida real es lo mismo que nadar a contracorriente: Por muy fuerte y preparado que estés,lo que nos vamos a encontrar ahí afuera es una fuerza oponente que nos ofrecerá una gran resistencia. ¡Hay que estar preparados!

 

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